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Biografías
Maestros del vallenato
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Ovidio Granados

El “Viejo Villo” como le dicen de cariño ha dejado un legado inmejorable o mejor dicho, una dinastía como se le conoce hoy en día. Gracias a que aprendió su oficio de arreglista de acordeones mirando a Ismael Rudas, a quién le extrajo todos los conocimientos sentándose a mirar y a aprender. Hoy por hoy ha sido el responsable de que el vallenato haya evolucionado de la forma que lo hizo y le dio la posibilidad a cantantes de todos los tonos (altos y bajos) para que se pudieran lucir con la música de acordeón. Tuvo la oportunidad de acompañar a grandes artistas como Calixto Ochoa y Diomedes Díaz realizándoles los ajustes para que en sus giras siempre estuvieran al mejor tono posible. Formó una gran familia vallenata y hoy por hoy su hijo “Villito” es quién realiza su labor y su hijo Almes fue coronado como “Rey de Reyes” en el pasado festival de la Leyenda Vallenata que después de la pandemia tuvo su gran celebración en 2022. Un gran ícono del género vallenato y que nos recibió con las puertas abiertas para contar su gran historia de vida!

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Marciano Martínez

“Para qué me quieres culpar, si tú eras para mí como agua pa´ el sediento; o acaso no recuerdas ya que me sentí morir, sin la miel de tus besos”… con estas metáforas inicia una de las canciones vallenatas más sonadas en Colombia y en el mundo entero, Amarte mas no pude, de la autoría de Marciano Martinez. Este campesino poeta es oriundo de La Junta, Guajira, tierra que vio nacer también a Diomedes Diaz. A propósito, Marciano era el compositor predilecto de Diomedes, y el canto de este la musa de las melodías de Martínez. Había tanta conexión entre estos dos artistas que, manifiesta Marciano, su imaginación se ha nublado desde el deceso del cantautor. Diomedes Díaz grabó canciones de Martínez en casi todos sus trabajos discográficos, destacándose La Juntera, Usted, Soy amigo, Espejismo y Ay la vida! A sus 65 años, el campesino poeta sigue arraigado al pueblo que lo vio nacer, a sus costumbres. Vive en la misma morada donde creció, rodeado de vegetación, aves y riachuelos, y visitarlo se ha convertido en un imperativo para todos los foráneos que visitan este terruño. Marciano aún sueña, canta, ríe y vive esperanzado en el amor.

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Tomás Darío Gutiérrez

Una de las mentes más brillantes con las que cuenta el folclor vallenato. Tomás Darío es abogado de profesión y ha dedicado su vida a escribir, a componer y a la poesía. Su consagración investigativa llegó con la publicación de su libro “Cultura Vallenata: Origen, Teoría y Pruebas”. Obtuvo el galardón como “Rey de la Canción Inédita” con su canción Voz de Acordeones que le grabó el Binomio de Oro de Rafael Orozco e Israel Romero en 1980. Acérrimo defensor del Festival de la Leyenda Vallenata, del folclor vallenato y de las tradiciones de la región del Cesar y La Guajira. También fue director departamental de turismo del Cesar y fundador del foro folclórico en Valledupar fue gestor del ecoparque los Besotes en la Sierra Nevada de Santa Marta y prestó su servicio a la ciudad de Valledupar como concejal a principios de los años 90. Hoy en su natal Becerril, reposa una estatua de su busto que se hizo en homenaje a esa gran labor, el maestro Gutiérrez lo considera como un estímulo para las nuevas generaciones que interpretarán que vale la pena mantener, durante toda la vida, las inquietudes y el amor por la tierra que los vió nacer.

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Rosendo Romero

Muy conocido por su canción: “Quiero espantar la mirla por la media noche y reemplazar su nido por un gajo de luceros” Noches sin Lucero, de Rosendo Romero refleja el genio literario del folclor vallenato y como expresa el maestro Tomás Dario Gutiérrez, que si Pablo Neruda hubiera podido escuchar estas líneas, les habría hecho la venia. Rosendo es un Villanuevero con más de 30 años de trayectoria musical, con un conocimiento del género que es bastante extenso y con su particular estilo defiende la conservación del vallenato y explica como él en su momento también hizo parte de una nueva ola, pero junto a sus contemporáneos respetaron el vallenato. Rosendo es una persona que acepta sus éxitos en silencio y prefiere celebrarlos en compañía de su señora e hijos antes que tomar aviones y meterse entre los reflectores y la bulla.

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Santander Durán

A los 16 años compuso su primera canción, cosa que le llegó de repente porque dice que se encontraba más interesado en el dibujo y que poco a poco se fue interesando por la literatura, la poesía y luego la música de repente lo dejó contagiado. Ha sido reconocido por sus mensajes protestas a través de sus composiciones, de las cuales se reconocen las que realizó para la iniciativa separatista que se llevó a cabo con el departamento del Cesar que se desligó del Viejo Magdalena. Es familiar del maestro Rafael Escalona, a quién le admira muchísimo su obra y le respeta su estilo, el cual ha procurado no imitar. Por supuesto toda su riqueza cultural y musical viene acompañada de haber crecido en un ambiente donde encontraba terreno fértil para aprender, escuchar, ensayar y eso es algo que se le reconoce abrumadoramente por su cantidad de conocimiento y su amor por el género y una tierra que admira y trabaja para conservar. Santander es un rebelde enamorado, le canta a las costumbres, al aldeano, a su tierra. Está convencido que la riqueza cultural colombiana es enorme e incluso la compara con la del Galeón Santa Fe, del cual dice que eso no es nada comparado con toda la música que está sin grabar y que podría enriquecer aún más a toda Colombia y brindarle un mejor futuro a todos nuestros niños.

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Náfer Durán

Náfer Durán, o Naferito, es uno de los últimos juglares vivos que le quedan al folclor vallenato. A sus casi 90 años, este acordeonero y compositor oriundo del Paso, Cesar, fue el que marcó el inicio de la carrera profesional de Diomedes Díaz, al ser su compañero en el primer trabajo discográfico grabado por el Cacique de la junta “Herencia Vallenata” en el año 1976, el mismo año en el que se coronaría Rey Vallenato. Sin embargo, no se puede hablar de Náfer sin mencionar a su hermano mayor Alejandro Durán, el negro grande o Alejo, uno de los juglares más importantes del folclor vallenato, inmortalizado con canciones como “039”, la cachucha vacana y mírame fijamente. Naferito todavía merodea por los rincones de tu pueblito natal, El Paso, y, pese a sus 89 años de edad, cuenta con una memoria prodigiosa con la cual evoca infinidades de historias, de triunfos y de derrotas con una pasión desbordante, como si los años no pasaran, y, tararea con inconmensurable armonía la canción Sin ti, de su autoría, que se hizo famosa en la voz de Carlos Vives: Sin ti no puedo estar/ mi corazón se desespera/ no lo dejes sufrir mas/ porque le duele y se queja…toda la culpa la tienes tú!!

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Sergio Moya

A todo el que le guste la música de acordeón seguramente ha cantado alguna vez: “Cuando salga de mi casa y me demore por la calle no te preocupes Juanita/ porque tú muy bien lo sabes que me gusta la parranda y tengo muchas amistades”. La Celosa, de Sergio Moya Molina, retrata con desmesurado ingenio la idiosincrasia que identifica a esa región del norte de Colombia en donde el hombre deambula, de parranda en parranda, en busca de amores furtivos pero sin entregarles su corazón, el cual tiene una única dueña. Sergio Moya junto a Hernando Marín y Máximo Movil, fueron conocidos en los 80´s y 90´s como el “Trío de oro”, los tres grandes compositores de esa época que, pese a tener fuertes lazos de amistad, mantenían una rivalidad folclórica a través de sus canciones y sus versos. Éxitos como “Fortuna y desdicha”, “El contrabandista” y “El tiempo” grabada recientemente por Silvestre Dangond, son solo algunas de las canciones que representan su majestuosa obra y aporte al folclor vallenato.

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Sandra Daza

Aunque el folclor vallenato ha sido dominado históricamente por el género masculino, hay mujeres que, a punta de talento, se han ganado sus propios espacios y le han facilitado el camino de acceso a otras tantas que también vienen siguiendo ese sendero. Cada día son más las mujeres que deciden incursionar en el canto, en el acordeón y en la composición. Sandra Daza es una de ellas. Sandra es hija del compositor patillalero Edilberto “Beto” Daza, autor de varios éxitos de Diomedes Díaz como “Cuna Pobre” y “La Veterana”. Es tal la potencia y la cadencia de la voz de esta artista que su presencia es demandada en las más tradicionales parrandas vallenatas del momento. Es una mujer auténtica, costumbrista y muy sentimental. Sus interpretaciones acompañadas de música de guitarra se han hecho virales en redes sociales, en especial la canción “Desde aquel momento”, la cual, de la mano con Juan Pablo Marín,  mueve las fibras de quienes la contemplan.

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Gustavo Gutiérrez

Gustavo es un caballero del vallenato. Fue él quien cambió la forma de cantar y escribir este género, con la creación de la escuela romántica y lírica; es por eso que muchas de sus composiciones se consideran de las más bellas del vallenato y podríamos resaltar algunas como: La Espina, Así fue mi Querer, Sin Medir Distancias, Calma mi melancolía, Corazón Martirizado, Lloraré y Recuérdame. Gutiérrez recuerda como a su papá no le permitían realizar parrandas vallenatas en el Club Valledupar y le tocó vivir esas transición que se fue llevando a cabo para que luego permeara a todas las clases sociales de Valledupar y la región Caribe colombiana. Fue uno de los primeros jurados del Festival de la Leyenda Vallenata y ha sido un promotor del género y un referente muy importante para las generaciones que llenaron de vallenato a Colombia y al mundo.

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Fonseca

Nacido en Bogotá en 1979. Canta desde que tenía cinco años y desde el colegio siempre le han dicho “Fonseca”. A los doce años ya grababa y comercializaba su primer disco entre familiares y amigos. Siempre contó con el apoyo de su familia para llevar a cabo su carrera musical, ellos estuvieron detrás de sus primeras grabaciones, de sus estudios en Boston, Estados Unidos y su corto paso por la Universidad Javeriana en Bogotá, sitios en dónde desarrolló importantes habilidades para su posterior éxito artístico. Aunque creció muy alejado de la región vallenata, él mismo confiesa que Clásicos de la Provincia fue un detonante importante para su desarrollo musical y es por esto que se considera un hijo del vallenato. En 2005 presentó su trabajo musical titulado “Corazón” donde exploró ritmos como: el vallenatos, el bullerengue, la tambora, los tambores africanos y la salsa clásica. Este trabajo lo catapultó al reconocimiento nacional e internacional y es por esto que es considerado uno de los embajadores más importantes del género vallenato. En 2015 grabó un disco en homenaje a la música de Diomedes Díaz, demostrando una vez más su cariño y su amor por el vallenato y su compromiso por preservar este legado que ha llevado a que las nuevas generaciones de artistas colombianos tengan unas raíces tan sólidas para su buen desempeño a nivel global.

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Julio Cesar Oñate Rámirez

Nació en Villanueva, la tierra de los grandes acordeoneros vallenatos y por lo tanto también se dedicó a tocar el instrumento, pero más importante ha sido su labor como compositor y luego como historiador. En 1976 fue coronado Rey Vallenato de la canción inédita con su obra “La profecía” y que posteriormente la grabaron Los Hermanos Zuleta. Es un gran apasionado de la música de acordeones y ha dedicado su vida a coleccionar todo lo relacionado con este género musical, a componer cuando puede y a preservar el legado de este folclor. Julio ha escrito alrededor de ocho libros, entre los que se pueden destacar: El ABC del Vallenato, Los Secretos del Vallenato, Cantos Vallenatos y Héroes Ocultos del Vallenato. Entre sus composiciones más importantes se encuentran: ¿Qué te pasa María Tere? Y Las Cosas del Amor, grabadas por El Binomio de Oro; La Entrega  y Soy Guajiro, grabadas por Los Hermanos Zuleta.

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Andrés el Turco Gil

El maestro Turco Gil ha marcado una era en el vallenato que ya lleva más de 50 años y aún no acaba. Fue un reconocido acordeonero, con más de 20 producciones durante su juventud y luego decidió crear la primera academia de este folclor, con la que ya lleva 40 años formando a muchos reyes vallenatos y artistas prestigiosos. El maestro ha logrado acercar este género a una calidad de conservatorio.                         
Nacido en Villanueva, La Guajira, cuna de acordeoneros en 1948. Desde muy pequeño comenzó su educación musical por la tradición familiar que contaba con directores de orquestas, su tío Reyes Torres tenía una de las mejores de La Guajira y su padre, Juan Manuel Gil fue trompetista y director de la Orquesta de Juancho Gil.               
El maestro Turco comenzó enseñando en el patio de su casa, con el tiempo se fueron sumando un gran número de alumnos que ya era imposible atenderlos de manera individual y fue ahí que en l quisco de la misma improviso un aula. En 1979 creo la academia Vallenata El Turco Gil, la primera en su clase y que ha formado múltiples reyes de este folclor.            
Bill Clinton le hace un reconocimiento en su libro ¿Cómo cada uno de nosotros puede cambiar el mundo? publicado en 2007, donde el exmandatario le dedica unas palabras: "Cuanto me gustaría que en cada área del conflicto hubiese un maestro como el Turco Gil y niños como Los Niños Vallenatos".

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José Alfonso "Chiche" Maestre

Nacido en el pueblo de Patillal, Cesar en 1965. Desde muy niño comenzó a aprender y explorar los elementos básicos del folclor vallenato y a la edad de 12 años se coronó Rey Vallenato de la categoría infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata. Participó en otros festivales de la región en los que se destacó y ocupó las primeras posiciones y en 1975 fue declarado como la mejor voz infantil en el Festival Vallenato al lado de su hermano Gustavo Maestre. También desde niño se fue formando como compositor, se graduó del Colegio Nacional Loperena en Patillal y estudió Comunicación Social en Bogotá. Su gran despliegue vino cuando Iván Villazón le grabó la canción Que Siga la fiesta y luego grandes artistas comenzaron a buscarlo por la calidad de sus creaciones y así fue que luego le grabaron otros artistas como Diomedes Díaz, Los Hermanos Zuleta, El Binomio de Oro, Jorge Oñate y muchos otros. Fue elegido como compositor del año en 1990 y 1991, y nominado en otras cinco oportunidades. Ha logrado otros galardones como el Premio Súper Estrella de Oro Internacional y El Cacique de Oro, como mejor compositor vallenato en Colombia. Actualmente el chiche vive entre Patillal y Valledupar, haciendo lo que mejor sabe hacer, seguir siendo uno de los grandes inspiradores e intérpretes del vallenato en Colombia.

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Beto Murgas

Nacido en Villanueva, La Guajira en 1948. Como compositor profesional inicia su labor dentro del folclor vallenato en el año 1969 cuando Alfredo Gutiérrez le grabo la obra “Cariñito Mío”. 

Posteriormente una gran cantidad de conjunto vallenatos le han incluido títulos en sus trabajos discográficos que representan alrededor de 90 obras entre las cuales se destacan: 

La Negra, por Alfredo Gutiérrez y 30 versiones más; Después de Viejo, por Jorge Oñate; La Sirena Samaria, por Jorge Oñate; Mi Casa Risueña, por Diomedes Díaz, Hombre Caribeño, por el Binomio de Oro entre otros.

Es un estudioso del folclor y del género vallenato, coleccionista y conferencista sobre el Acordeón, instrumento del que además se animó a crearle un museo en la ciudad de Valledupar, un espacio que cuenta con la más amplia variedad histórica y que muestra la evolución técnica y adicionalmente cuenta con piezas fotográficas y pictóricas únicas sobre los personajes más representativos del género.

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Franklin Moya

Si el ingenio y el humor tuviesen nombre en el folclor vallenato, ese sería indiscutiblemente el de Franklin Moya. Una de sus canciones costumbristas más sonadas la grabó Diomedes Díaz y se titula “Perro sinvergüenza”. En ella el autor relata cómo logra revertir la compleja relación que mantenía con su suegra, pasando de ser considerado un bebedor y mujeriego a convertirse en el rey de la casa. Entre sus éxitos también figuran “Lluvia de mujeres” y “La gemela” grabadas por Beto Zabaleta, y “Bailando así” interpretada por El Jilguero de América Jorge Oñate. La gracia de Franklin se palpa también en su bailao´ y en su estilo particular de improvisar versos vallenatos. Franklin es oriundo de Cañaverales, corregimiento de San Juan del Cesar en el departamento de la Guajira. Pertenece a la dinastía Moya, junto a Sergio Moya Molina, compositor de la celosa. Los grandes juglares vallenatos Hernando Marín Lacouture y Máximo Movil fueron sus mentores.

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Deimer Marín

Deimer ha sido tan irreverente como su padre, Hernando Marín Lacouture. De hecho, Deimer fue mas osado: no se limitó a protestar y a denunciar las arbitrariedades que se cometían contra su tierra y sus gentes a través de la música, sino que lo hizo también a través de la política: Deimer obtuvo un escaño en la Asamblea Departamental de La Guajira. Además, Deimer es médico de profesión, de los médicos más queridos de su pueblo. Deimer es un contador de historias, poseedor de una retórica persuasiva y jovial,  con una gran capacidad para dejar una huella en el corazón de todos los que lo escuchan en una parranda. Canciones como “No pasará lo mismo”, “Decidí cambiar”, “Muñeco de papel”, “Triste y confundido”, son melodiosos destellos emanados de lo más profundo del corazón de este maestro san juanero.

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Rafael Manjarrez

En el año 1986 y sin imaginar el rotundo éxito que tendría, Rafael Manjarrez compuso la canción que hoy en día funge como el himno del festival de la leyenda vallenata: Ausencia sentimental. Allí Rafa, como cariñosamente lo llaman, plasma de manera magistral la nostalgia que invade a un provinciano cuando se encuentra lejos de su tierra en plenas festividades, porque “el que nunca ha estado ausente no ha sufrido guayabo, hay cosas que hasta que no se viven no se saben”. Rafa es un compositor guajiro que le canta permanentemente al desamor y que impregna sus canciones con ese dejo costumbrista que lo hace auténtico. Le canta a la mujer, a sus amigos, a la lucha de clases y, de manera reiterada, a su tierra guajira. Una de sus canciones más famosas es, de hecho, Benditos Versos, en donde describe a la península como una princesa engreída, altanera, bonita y de cuna noble, “que se mete hasta el mar así… como si pelear quisiera”. Manjarrez es oriundo de la Jagua del Pilar, último municipio al sur de la guajira. Es notario y hace parte del equipo directivo de la Sociedad de Autores y Compositores (SAYCO). Entre sus canciones más sonadas están Señora, Simulación, desenlace y no se me equivoque, grabada por Silvestre Dangond.

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Julio Cesar García Peralta

Comenzó a tocar el instrumento a los nueve años en el corregimiento de Patillal, dónde actualmente vive dedicado sobre todo a labores del campo y sigue siendo muy solicitado para amenizar parrandas y fiestas locales con diferentes celebridades del folclor que lo conocen y lo invitan con frecuencia. También está comprometido a dejar un legado y fue así que comenzó a enseñar este bonito arte del acordeón y ahora va transmitiendo todos esos procesos a las nuevas generaciones. Julio es un maestro tímido y humilde que al empezar a tocar deja a todos boquiabiertos, Alfredo Gutiérrez le grabó la canción Esos Ojazos  junto al acordeón de Calixto Ochoa, posteriormente Diomedes Díaz le grabó el tema La Despedida  y luego Colacho Mendoza le grabó el merengue Ausencia. En repetidas ocasiones participó en la categoría semiprofesional del Festival Vallenato donde enfrentó a acordeoneros de la talla de Emilianito Zuleta. Julio se mantiene fuera del ámbito comercial y de los reflectores de los medios, se ha consagrado como un acordeonero versátil, melodioso, creativo, dicharachero y parrandero.

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Matilde Lina

Inspiración de la declaración de amor más grande del género vallenato como la describe Carlos Vives quién grabó esta canción para “Clásicos de la Provincia”. Matilde enamoró a Leandro Díaz desde que la conoció por allá en el año 1956 en una de sus correrías por el Plan, Cesar. Un pequeño poblado dedicado a la ganadería y la agricultura, donde la vida es tranquila y agradable como lo describen sus habitantes, entre quienes inmediatamente resalta Matilde, aún hoy a su larga edad, Matilde es una mujer muy bien cuidada, de muy buenos modales y que si caminara por la sabana la haría sonreír de nuevo. A Matilde en un principio no le gustó la canción que le compuso Leandro, pero al preguntarle por su parte favorita sin duda canta: “Es elegante, todos la admiran y en su tierra tiene fama. Cuando Matilde camina, hasta sonríe la sabana” Aunque Leandro trató de conquistarla con estas bonitas palabras, Matilde nunca lo correspondió, pero ha quedado grabada en la memoria de casi todos los colombianos y hoy por hoy a nivel internacional dónde muchos corean estos versos.

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Carlos Jeremías Salas

Nacido en el corregimiento de El Plan en el último rincón de la Guajira hacia el sur tocando al Cesar. Tierra de inspiración dónde Leandro conoció a Matilde Lina y dónde en sus tranquilas calles aún se siente un ambiente muy similar al de antaño. Su familia la crió la famosa “Vieja Sara” y creció junto a 10 hermanos, entre los varones: Emiliano Zuleta Baquero, Andrés Salas, Encarnación Salas, Mario Camilo Salas, y Toño Salas y las mujeres: Santa Baquero, Rafaela Salas, Matilde Salas y María Salas. Carlos da testimonio de la época de los juglares, de los versos, de la piquería, de las parrandas de antes y es una fiel representación de la vida que se respiraba cuando comenzaba a tomar fuerza este género musical en su región y que hoy se ha esparcido por todo el país y a nivel internacional.

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Carlos Vives

Es uno de los artistas más emblemáticos de Colombia y una de las figuras más importantes de la música latina, con más de 20 millones de álbumes vendidos a lo largo de más de 30 años de carrera artística. En 1993, respaldado por la banda "La Provincia", Vives lanzó el elepé “Clásicos de la Provincia” en la que se inició la fusión entre el rock, pop y otros ritmos del Caribe colombiano con el vallenato. Esta apuesta dio sus frutos y es uno de los responsables por llevar este ritmo a distintas latitudes por fuera de Colombia. Carlos dice que él sigue haciendo Vallenato, cuando por ejemplo compuso “Déjame robarte un beso de esos que me llegue hasta el alma, como un vallenato de esos viejos que nos gustaban…” y agrega: si esto se canta con acordeón, caja y guacharaca, todos dirán: ¡Qué lindo vallenato hizo Carlos! Es su esencia, es su estilo. Así es que ha logrado crear canciones increíbles respetando sus raíces vallenatas y entendiendo el folclor primero para luego fusionar y crear ritmos que traspasaron todas las barreras. Carlos continúa engrandeciendo el legado cultural colombiano, abriendo puertas a nuevos mercados y a nuevas generaciones de talentos; también le ha dado paso a la música infantil, llevando los poemas de Rafael Pombo a un nuevo nivel. Posee un récord increíble de nominaciones al Grammy Latino, con seis galardones en su poder. Hoy por hoy sigue dedicado a su familia, a sus negocios, a su música y a seguir engrandeciendo la cultura colombiana.

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Ivo Díaz

Ivo es una de las voces más representativas del género vallenato, no solo por su potente sonido sino por su pronunciado sentimiento. Hijo del gran Leandro Díaz, Ivo se formó escuchando vallenato desde que se levantaba hasta que se acostaba, por su casa pasaban constantemente los más grandes juglares y maestros vallenatos entre quienes se encontraban sus mentores. Leandro le dijo que si escogía cantar en lugar de estudiar una carrera universitaria debía hacerlo con todo el compromiso y el cariño de una profesión que era para toda la vida y como Ivo dice, desde que tomé esa decisión, aquí sigo cantándoles y alegrándoles la vida. Ivo es un súper ganador de festivales de la Leyenda Vallenata, tiene seis títulos como intérprete de la canción inédita, también cuenta con un título como Rey de la Piqueria y ganador también de la mejor voz en 1999. Hoy en día hace dupla con el Rey de Reyes Almes Granados y todas las semanas se encuentran brindando un bonito espectáculo vallenato a su público, pero más que nada sigue promoviendo el nombre de su padre y contando esta historia a cada vez más personas y es por ese motivo que cuando supo del proyecto Leyenda Viva inmediatamente decidió participar y apoyar el proceso.

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José Darío “Chabuco” Martínez

Con una larga trayectoria musical en su haber, Chabuco ha sido un músico desde pelado. Ha conseguido hacer una carrera a punta de mezclar el vallenato con otros géneros musicales. Conoce muy bien sus raíces, hijo de músico (Hugues Martínez), con hermano músico y hermanos pintores; Chabuco ha estado rodeado de arte e historia, lo que le ha proporcionado un pilar clave para llevar a cabo apuestas arriesgadas. Se ha atrevido a desafiar las tradiciones, pero siempre respetando a los grandes maestros del folclor vallenato. Para Chabuco su voz es totalmente vallenata, su esencia igual; el vallenato para él además es pura narrativa y se hace con acordeón y sin acordeón, y eso lo hace aún más universal. A lo largo de su carrera se ha presentado en importantes escenarios como el Palacio de Bellas Artes en México, Sala Berlanga en Madrid y el House of Blues de Estocolmo. Chabuco está orgulloso de haber forjado su propio camino, aunque reconoce que ha sido mucho más duro que el camino tradicional y gracias a ellos su aporte sigue siendo fundamental para que la música vallenata siga trascendiendo fronteras.